HuertAravaca

Las ciudades son lo que comen


El desarrollo de las ciudades no se puede disociar de la forma en la que sus habitantes se alimentan
Desde su origen, las ciudades se adaptan a la geografía, al clima y a los recursos locales. La manera en la que nos alimentamos condiciona su morfología, la forma de construcción de las viviendas, el trazado de las calles, los espacios verdes, el patrimonio edificado y otros elementos inmateriales como las fiestas populares, el folclore y los nombres de plazas y calles.


Estudiar las claves de los cambios en la gastronomía tradicional y sus transformaciones potenciales

Haciendo un análisis orgánico de ciudades como Madrid, al recorrer sus calles encontramos entre el tumulto de gente, bancos y árboles, frente a las puertas del Parque de El Retiro, un mojón de granito en el que se lee “cañada de 75,23m”, lo cual marca el ancho de la vía por el que pasaba el ganado que abastecía la ciudad. Este ejercicio nos permite encontrar las claves de los cambios en la gastronomía tradicional y sus transformaciones potenciales.



Evitar que el abastecimiento urbano contemporáneo cause graves impactos socio ambientales

El conocimiento de estos ciclos a los que se someten las ciudades para continuar alimentándose nos ayuda a identificar los cambios en las costumbres, normas, tecnologías e infraestructuras de la ciudad. Ser conscientes de la reorganización que ante tales cambios se produce en nuestras ciudades, puede ayudar a evitar que el abastecimiento urbano contemporáneo cause graves impactos socio ambientales.


HuertAravaca, un espacio urbano convertido en una huerta ecológica
Los vínculos entre ciudad y alimentación son universales, las características locales marcan la identidad propia de cada geografía. En algunas ciudades esta relación sigue siendo visible por su estrecha vinculación con espacios de producción situados dentro de los límites urbanísticos, como es el caso de HuertAravaca, un espacio urbano abandonado y reacondicionado, convertido en una huerta ecológica.



Comprar, una transacción en riesgo de convertirse en aséptica, silenciosa y privada

En HuertAravaca se rompe con lo que actualmente en otros lugares supone ir a comprar, una transacción que se ha vuelto aséptica, silenciosa y permanece en el ámbito privado. En este espacio se recupera un modelo mediterráneo en el que se hacen mercadillos donde se acoge a pequeños productores locales, a vecinos y a amigos que van a comprar y a encontrarse en un lugar en el que aun prima la confianza, en el que uno puede intercambiar con otras personas productos, recetas, informaciones variadas y pasar un tiempo de relajación, comunicación y disfrute personal.


La dieta Mediterránea, patrimonio de la Humanidad
Este modelo que incorpora la conocida dieta mediterránea es patrimonio de la Humanidad, ya que reconoce no solo los conocimientos y prácticas en relación a la producción, elaboración y recetas de alimentos, sino la vinculación del consumo con momentos de encuentro, hospitalidad, convivencia, transmisión generacional, creación de identidad cultural y cohesión social.



Ciudades que comen mejor
Esta experiencia de pertenencia a una comunidad en la que nos reunimos en torno a la comida, hace que lugares como Huertaravaca promuevan un modelo cultural mediterráneo en el que, además de una alimentación sana, se ofrece un espacio y un tiempo de desarrollo personal y social que previenen del riesgo de despersonalización en la alimentación, por las nuevas corrientes tecnológicas de adquisición y consumo y desarrollan valores culturales y gastronómicos más humanos. Ciudades que comen mejor.



Almudena Gallego Fernández

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

20 − uno =